Comparto aquí la carta abierta de Ania Iglesias, la que fuera segunda finalista del primer Gran Hermano en España, además de modelo y especialista en belleza y bienestar. Para mi, que tengo el placer de conocerla estrechamente, su texto es una extensión en palabras de una mujer de la que destacaría, principalmente, su sencillez, su empatía y la preocupación, que se nota, por su gente. Y eso que podría estar mucho más maleada después de tantos años de tele. Sorprendentemente, ella está ‘limpia’ de malas artes y es, seguramente, mucho más feliz de lo que sería si solo viviera por un minuto de gloria todos los días. Lo sé, puede parecer peloteo pero no lo es. Y cada día que pasa me da más igual lo que penséis los demás -sobre todo si no os conozco-.
«Hoy soy Valenciana y ayer y antes de ayer y seguramente que mañana.
No quieren culpables, ni fotos, ni visitas, ni consuelo. Tan solo piden que no se les coman las ratas y los excrementos no inunden más el lodo.
Que desaparezcan los gases amenazantes que emanan de sus garajes, avisando, que lo poco que les queda no se llama esperanza, sino desolación.
Se sienten abandonados a su suerte, en una guerra batida por la naturaleza, quizás provocada por el hombre, que sigue, intentando mantener su poder gracias a su situación.
Me lo cuentan ellos, médicos, peluqueros, amigos, actores, empresarios… el abandono por parte de los responsables, en una España que una vez más arrima el hombro para sacar adelante a los suyos, demostrando que no hay fronteras, ni autonomías, ni ideologías. Que la única bandera que sienten es la de ayudar a nuestra tierra, a nuestros vecinos.
Hoy son ellos, los olvidados en el lodo, ayer los olvidados en la lava, hace mucho, los olvidados en el chapapote y mañana podemos ser cualquiera de nosotros los olvidados en un frente, donde nadie gana
Las cifras de desaparecidos son escalofriantes, ojalá no se cuenten por más cientos y, sin animo de alarmar, con la esperanza puesta en un cielo que no deja de tenernos a todos en vilo.
Y esto no ha terminado, pues cuando se limpien las calles del infierno, vendrán las lagrimas del futuro, un futuro que se afronta con más miedo que esperanza.
Cuando llegaran las ayudas a esos autónomos, empresarios, familias…que lo han perdido todo.
Somos incapaces de darles lo mínimo, en la era de la inteligencia artificial, su propio enemigo y paradójicamente el que necesitan para vivir. El agua de la vida.
Espero que en la memoria de todos, queden esos agricultores, que con sus tractores y sin nadie pedírselo, han llenado las calles. Espero que les tengamos mucho mas en cuenta, que seria de nosotros sin ellos.
Aquellos fontaneros, electricistas, soldadores, transportistas…y muchos autónomos que han dejado de facturar, a pesar de la cuota que se paga, para ayudan con sus oficios, a los que sienten sus hermanos.
Aquellos jóvenes que nos han dado una lección de humanidad, esos que a veces consideramos la generación de cristal, ahí han estado con sus palas.
Aquellos profesionales de muchos negocios perdidos, como los peluqueros a los que se les niega una bajada de IVA, recaudando por todas partes para ayudar a un gremio, que no levanta cabeza desde el Covid.
Espero que quede en nuestra retina, la imagen de la Reina Letizia, recibiendo el barro en su rostro, tan criticado en cientos de ocasiones.
Abrazando a su paso a quien podía, queriendo llegar a todos. Sé de buena tinta que ella se implica y lucha, a veces en la sombra.
Esa mujer sí me representa, sabe cuando hay que llevar un tacón y cuando unas botas de agua. Lucha con su inteligencia y siempre está ahí.
Siempre me he sentido orgullosa de mi país, hoy más.
Queda claro que aunque pretendan separarnos, no lo van a lograr. Queremos estar unidos, y si me queréis tildar de facha, título que he tenido que llevar años, simplemente por nacer en Valladolid, no me importa, porque me siento orgullosa de mis hermanos de tierra.»